El incremento de temperatura condiciona el futuro de la manzana, la pera y la almendra en Cataluña


La actividad demostrativa ClimaFruit, coordinada por el IRTA, confirma una reducción progresiva de la acumulación de frío invernal en las principales zonas productoras catalanas y aporta conocimiento científico para orientar la selección varietal, la planificación de nuevas plantaciones y las estrategias de adaptación frente al calentamiento climático.

El cambio climático ya no es una amenaza futura para los cultivos frutales catalanes, sino una realidad que está modificando las condiciones ambientales en las que se desarrollan especies clave como el manzano, el peral y el almendro. Con el objetivo de comprender mejor estos cambios y proporcionar herramientas útiles al sector para adaptarse a ellos, el IRTA ha coordinado el proyecto demostrativo ClimaFruit, una iniciativa que durante tres años ha analizado los efectos actuales y futuros del cambio climático sobre tres de los principales cultivos frutales de Cataluña.

El proyecto ha permitido generar nuevo conocimiento científico y técnico sobre el impacto del calentamiento global en la fruticultura catalana, combinando el análisis de datos climáticos históricos, el estudio de la respuesta fisiológica de los cultivos y la simulación de escenarios climáticos futuros. Los resultados obtenidos aportan información relevante para orientar decisiones estratégicas del sector, desde la selección de variedades hasta la implantación de nuevas plantaciones o la adopción de medidas de adaptación.

Una agricultura cada vez más expuesta a los efectos del clima

La cuenca mediterránea es una de las regiones más vulnerables a los efectos del cambio climático. Las proyecciones disponibles indican un incremento continuado de las temperaturas, inviernos más suaves, una mayor frecuencia de olas de calor y cambios en los patrones de precipitación. Estas alteraciones afectan directamente al desarrollo de los frutales, especialmente durante la dormancia invernal, una fase crítica para garantizar una brotación y una floración correctas.

En los últimos años, los productores ya han observado algunos de estos efectos en el campo. Entre otros, se han detectado problemas de calidad en manzana asociados a las altas temperaturas, episodios de secado de hojas en peral y alteraciones florales en almendro relacionadas con inviernos cada vez más cálidos.

Ante este escenario, ClimaFruit se planteó como una herramienta para cuantificar estos impactos, comprender los mecanismos que los provocan y anticipar su evolución a lo largo del siglo XXI.

Menos frío invernal y más riesgos para los cultivos

Uno de los principales resultados del proyecto ha sido la confirmación científica de la reducción progresiva del frío invernal en las principales zonas productoras de Cataluña. El análisis de series climáticas de largo recorrido muestra una tendencia clara a la disminución de las porciones de frío acumuladas durante el invierno, un indicador fundamental para el correcto desarrollo de los frutales de hoja caduca.

Porciones de frío acumuladas según el modelo dinámico en cada invierno en la estación meteorológica de El Poal (datos calculados hasta el 01/03). La línea negra horizontal indica el valor medio para este período. Los colores verde y rojo indican si el año ha estado por encima o por debajo de este valor medio, respectivamente.

Este proceso es especialmente relevante porque la falta de frío puede provocar floraciones irregulares, problemas de brotación, disminución del cuajado y pérdidas de producción. Los resultados indican que los inviernos recientes acumulan cada vez menos frío y que esta tendencia podría acentuarse durante las próximas décadas.

Paralelamente, el proyecto ha permitido determinar los requerimientos de frío y calor de diferentes variedades comerciales de manzano, identificando material vegetal con una mejor adaptación a escenarios futuros de inviernos suaves. Variedades como Lory®, Galy® o Luiza® han mostrado necesidades de frío más bajas, lo que las convierte en alternativas de interés para futuras plantaciones en un contexto de calentamiento global.

Los resultados también evidencian que no existe una única respuesta al cambio climático. Cada especie presenta necesidades de frío, ritmos fenológicos y limitaciones diferentes, lo que pone de manifiesto la necesidad de desarrollar estrategias de adaptación específicas para cada cultivo.

El almendro, especialmente sensible al calentamiento invernal

Los trabajos desarrollados con almendro han permitido reproducir diferentes escenarios climáticos futuros y evaluar sus efectos sobre la floración y la producción.

Los resultados muestran que una reducción importante del frío invernal afecta negativamente al cuajado y al rendimiento productivo, pero también han puesto de manifiesto un factor hasta ahora menos conocido: el impacto de las temperaturas elevadas durante las semanas inmediatamente anteriores a la floración. Según el estudio, los episodios cálidos de finales de invierno pueden alterar el desarrollo de las flores, incrementar el número de flores anormales y reducir significativamente la producción final.

Estas observaciones indican que las estrategias de adaptación futuras deberán tener en cuenta no solo la disponibilidad de frío invernal, sino también el incremento de las temperaturas durante el periodo prefloral.

Herramientas para ayudar al sector a adaptarse

Más allá de diagnosticar los problemas, ClimaFruit también ha evaluado posibles estrategias para reducir los efectos del cambio climático sobre los cultivos. Entre las actuaciones estudiadas se encuentran el uso de productos para favorecer la ruptura de la dormancia en manzano y diferentes prácticas de manejo en almendro.

Los resultados indican que algunas de estas herramientas pueden contribuir a adelantar u homogeneizar la floración en determinadas variedades, aunque es necesario seguir profundizando en su eficacia y aplicabilidad en condiciones comerciales. Constituyen, no obstante, una herramienta de planificación a largo plazo para el sector frutícola catalán. La información generada puede ayudar a orientar inversiones, seleccionar variedades y definir el emplazamiento de nuevas plantaciones teniendo en cuenta las condiciones climáticas previstas para las próximas décadas.

“El cambio climático está modificando las reglas del juego para la fruticultura. Disponer de evidencias científicas sobre cómo responderán los cultivos nos permite anticipar decisiones y ayudar al sector a prepararse con mayores garantías para los retos que vendrán”, destaca Jaume Lordan, investigador del IRTA en el programa de Fruticultura y coordinador del proyecto.

En conjunto, el proyecto proporciona una base científica sólida para orientar la adaptación de la fruticultura catalana a los nuevos escenarios climáticos, facilitando la toma de decisiones tanto a productores como a técnicos, empresas y programas de mejora genética.


Actuación del Plan Estratégico de la PAC 2023-2027 cofinanciada por:

PUBLICADO EL

9 de octubre de 2026

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