Un nuevo modelo que predice el riesgo de «mancha blanca» en la avellana y valida la lucha colectiva y los terahercios como nuevas herramientas de control

El proyecto REDUCTAV, liderado por COSELVA, y coordinado científicamente por el IRTA con la participación de la ADV de la Avellana y Cultivos Mediterráneos, concluye que la temperatura de primavera es el principal factor que dispara el ataque de la chinche verde en avellano y demuestra que los tratamientos colectivos y precoces tienen mayores posibilidades de reducir significativamente el daño en las fincas del Camp de Tarragona.

Este proyecto piloto, llevado a cabo por un Grupo Operativo, ha presentado los resultados finales de cuatro años de trabajo dedicados a comprender y combatir uno de los problemas de calidad más costosos para el sector de la avellana en Tarragona: la «mancha blanca», el defecto interno que provoca la chinche verde (Palomena prasina, Nezara viridula, Acrosternum heegeri) cuando pica el fruto en desarrollo. El proyecto ha combinado cuatro líneas de investigación que van desde el análisis de la prevalencia de daños en las distintas fincas del territorio hasta la inspección no destructiva en fábrica.

Con una base de datos histórica de unos 14.000 registros recogidos entre 2017 y 2025 por COSELVA, el equipo del IRTA ha podido georreferenciar la incidencia de la mancha blanca y la podredumbre en las fincas de avellano de la zona y confirmar que el riesgo no se distribuye de forma homogénea en el territorio: se concentra en las zonas de menor altitud y latitud, en el núcleo del Camp de Tarragona (municipios como Vilallonga del Camp, El Morell, La Selva del Camp o Alcover), y disminuye a medida que se asciende en altitud o se avanza hacia el norte.

El análisis climático ha permitido ir más allá de la simple cartografía: la temperatura media de los meses de marzo a mayo explica casi dos tercios de la variabilidad de la mancha blanca entre campañas (R² = 0,67), mientras que la temperatura de enero a mayo explica una proporción similar de la podredumbre (R² = 0,66). A partir de esta relación, el equipo ha construido un primer modelo matemático predictivo que, aplicado a los datos térmicos de esta campaña 2026, anticipó un riesgo de mancha blanca del 16 %; los datos reales de recepción de cosecha, todavía provisionales, se sitúan en un 15 %, “un ajuste que refuerza la validez del modelo como herramienta de alerta temprana, aunque todavía será necesario contrastarlo con más campañas y mejorar su capacidad explicativa”, afirma Leontina Lipan, investigadora especializada en frutos secos del programa de Fruticultura del IRTA y responsable científica del proyecto.

La colaboración como elemento clave

Una segunda línea de trabajo ha puesto a prueba, sobre el terreno, una intuición que muchos productores ya compartían, y que Lipan confirma claramente: «la lucha colectiva es más eficaz que la individual y refuerza la necesidad de potenciar la labor de las ADV, que son las que deben coordinarla». Dicho de otro modo, tratar la propia finca sirve de poco si las vecinas no lo hacen, porque el insecto simplemente se desplaza hacia ellas. El ensayo, realizado en dos zonas de 50 hectáreas cada una, ha comparado una zona con tratamiento coordinado entre todas las fincas (zona tratada) con otra donde convivían fincas tratadas y sin tratar (zona estándar). Los resultados confirman la hipótesis: la estrategia de lucha colectiva y coordinada logró reducir en más de un 6 % las avellanas afectadas por mancha blanca en la cosecha respecto a las zonas sin coordinación.

El ensayo también ha detectado diferencias notables de sensibilidad entre variedades: ‘San Giovanni’, más temprana, presentó un 7 % más de daño que ‘Negret’, lo que apunta a la posibilidad de utilizar las variedades más sensibles como «centinelas» para detectar precozmente la llegada de la plaga y pone de manifiesto la necesidad de adaptar el seguimiento y los tratamientos a la fenología de cada variedad, adelantando las actuaciones en las variedades tempranas y ajustándolas al desarrollo del grano en las más tardías.

En la Jornada Nacional de la Avellana 2026, Leontina Lipan explica los resultados de REDUCTAV a los profesionales asistentes (Fuente: IRTA)

El momento del tratamiento, determinante

En una tercera actividad, centrada en la eficacia de los productos fitosanitarios autorizados, la conclusión más relevante no ha sido qué producto funciona mejor, sino cuándo se aplica. La comparación entre dos campañas con estrategias distintas lo ilustra claramente: en 2025, un tratamiento aplicado a finales de julio llegó cuando el daño ya se había instalado en el cultivo, y la parcela sin tratar acabó superando el 33 % de afectación. En 2026, en cambio, una intervención precoz a mediados de junio logró contener el daño global por debajo del 10 %, muy lejos del 27 % registrado en la finca sin gestión. Esto abre la puerta a buscar nuevas estrategias de aviso de tratamiento cuando los modelos predictivos apunten a un año complicado. Entre los productos ensayados, uno mostró el mayor «efecto de choque», reduciendo la población del insecto prácticamente a cero incluso en el pico de máxima presión de la plaga.

Más allá del daño visible, el estudio ha confirmado que el control de la plaga también protege la calidad de la avellana: en la finca con tratamiento precoz, la acidez se mantuvo en valores propios de una avellana fresca (0,20 %), mientras que en las zonas sin control la acidez aumentó hasta un 50 %.

Terahercios para detectar un defecto invisible

La cuarta actividad se ha centrado en un reto diferente: cómo detectar, en la línea de procesado, un daño que no se ve por fuera. A diferencia de la podredumbre, la mancha blanca y otros defectos internos como la cavidad o el corazón negro no alteran el aspecto exterior del grano y a menudo solo se descubren cuando la avellana ya ha sido tostada y pelada, motivo por el cual las seleccionadoras ópticas actuales no los detectan.

En colaboración con el Grupo de Biodetección Multiespectral de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), dirigido por el profesor Miguel Beruete, el IRTA ha explorado la imagen por terahercios (THz), una tecnología capaz de penetrar el grano entero de forma no destructiva. Los primeros modelos estadísticos desarrollados con el equipo Terasense (140 GHz), instalado en la planta piloto del IRTA en Mas Bové, han alcanzado una capacidad de discriminación especialmente buena, logrando detectar más del 70 % de las avellanas dañadas sin necesidad de abrir o destruir el fruto. “Los resultados, aunque preliminares y basados todavía en una muestra reducida, confirman el potencial de los terahercios como herramienta de inspección no destructiva”, valora Leontina Lipan. El equipo continúa ahora ampliando la muestra y comparando esta tecnología con la imagen hiperespectral y la de infrarrojo cercano (NIR) para determinar qué sistema es más viable para integrarse en una línea de procesado industrial.

PUBLICADO EL

29 de septiembre de 2026

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