¿Por qué algunas manzanas se agrietan? Un estudio del IRTA aporta nuevas pistas para entender las causas

El proyecto POMCRACK confirma que los periodos de falta de agua sin control pueden hacer que las manzanas sean más propensas a agrietarse

Los biorreguladores no han reducido la afectación de forma consistente, aunque Promalin ha mostrado resultados más favorables que los otros tratamientos estudiados

La humedad relativa es el factor ambiental más asociado a las microfisuras, y la tinción con fucsina podría ayudar a anticipar el riesgo de cracking

Una nueva técnica que tiñe la piel de las manzanas permite hacer visibles las primeras microfisuras y podría ayudar a anticipar cuándo existe un mayor riesgo de que la fruta se agriete. El cracking comienza con estas pequeñas fisuras, a menudo imperceptibles a simple vista, en la cutícula, la capa protectora que recubre el fruto. A medida que la manzana crece, las grietas pueden profundizarse hasta alcanzar la pulpa, deteriorar su calidad y facilitar la entrada de microorganismos. En variedades de gran valor comercial como ‘Fuji’ y ‘Rosy Glow’ (Pink Lady), este problema puede llegar a comprometer una parte importante de la cosecha.

Comprender cuándo y por qué aparecen estas primeras fisuras ha sido uno de los principales objetivos de POMCRACK, un proyecto piloto innovador realizado por un Grupo Operativo, liderado por FRUILAR, con la participación de TORNAFRUIT, la coordinación de AFRUCAT y el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) como centro tecnológico.

Tras analizar el comportamiento de ambas variedades en diferentes fincas y someter los árboles a distintas estrategias de riego y tratamientos con biorreguladores, el proyecto apunta a un resultado especialmente relevante: la humedad relativa es el factor ambiental que más claramente se ha relacionado con la formación de microfisuras en la cutícula.

La relación se ha observado tanto en ‘Rosy Glow’ como en ‘Fuji’. En cambio, otras variables estudiadas, como la temperatura o la radiación, no mostraron en las condiciones de los ensayos una asociación tan clara. Los resultados también ponen de manifiesto que las particularidades de cada finca y las condiciones ambientales locales pueden tener más peso que la aplicación de un tratamiento concreto a la hora de determinar la respuesta del fruto.

“Una de las conclusiones más interesantes es que el cracking no responde a una única causa ni podemos abordarlo con una única receta. Hemos visto que el ambiente, el estado hídrico del árbol y las características de cada finca tienen un papel muy importante. Conocer mejor estas interacciones es el primer paso para poder tomar decisiones de manejo más precisas”, explica Luis González, investigador del programa de Fruticultura del IRTA.

Una grieta que empieza mucho antes de hacerse visible

La piel de la manzana debe acompañar el crecimiento del fruto a lo largo de toda la campaña. Cuando el fruto se expande más rápidamente de lo que pueden asumir las células de la piel y la cutícula, pueden aparecer microfisuras. Los cambios en la disponibilidad de agua, la humedad ambiental, la madurez del fruto u otras condiciones del entorno pueden intervenir en este proceso.

Para comprenderlo mejor, POMCRACK ha combinado sensórica, seguimiento fisiológico de los árboles y observación directa de la piel del fruto. En las fincas experimentales se instalaron sensores de humedad del suelo, contadores de agua y microtensiómetros FloraPulse insertados en el tronco, que permiten conocer de forma continua el estado hídrico del árbol. Paralelamente, el equipo del IRTA midió variables fisiológicas como el potencial hídrico del tallo, la conductancia estomática, la transpiración o la fluorescencia relacionada con la actividad fotosintética.

Esta información se ha cruzado con las condiciones meteorológicas y con la evolución de la piel de las manzanas.

Fucsina para hacer visible lo que todavía no se ve

Una de las aportaciones más innovadoras del proyecto ha sido probar una técnica aparentemente sencilla: sumergir los frutos en una solución de fucsina, un colorante que penetra por las pequeñas discontinuidades de la piel y permite ver y cuantificar las microfisuras de la cutícula.

En ‘Rosy Glow’, esta técnica mostró que los frutos tratados con Promalin presentaban, durante buena parte de la campaña, menos superficie teñida que los frutos control. Las diferencias fueron especialmente visibles al final del desarrollo: durante septiembre y octubre, el control alcanzó valores de entre el 16 % y el 18 % de superficie teñida, mientras que los frutos tratados se mantuvieron entre el 7 % y el 13 %.

El resultado sugiere que el biorregulador podría ayudar a mantener la integridad de la cutícula en determinadas condiciones. Sin embargo, esta menor presencia de microfisuras no se tradujo de manera concluyente en menos cracking en la cosecha, por lo que los investigadores remarcan que es necesario seguir validando esta relación.

La técnica resulta especialmente interesante, por tanto, no tanto como una predicción definitiva, sino como una posible herramienta de seguimiento del estado de la piel y de identificación temprana de los periodos de mayor riesgo.

La humedad deja huella en la piel

Precisamente gracias a este seguimiento de las microfisuras, el equipo ha podido relacionar su evolución con las condiciones meteorológicas.

En ‘Rosy Glow’, la humedad relativa fue la única de las principales variables climáticas estudiadas que mostró una relación significativa con el aumento de superficie teñida. La misma asociación se repitió en ‘Fuji’: cuanto más elevada era la humedad relativa, mayor era la presencia de microfisuras detectadas en la cutícula.

Esto apunta a la humedad como uno de los factores que deben tenerse en cuenta para comprender cuándo la piel del fruto se vuelve más susceptible. Sin embargo, esto no significa que la humedad explique por sí sola el cracking. De hecho, uno de los resultados más reveladores del proyecto es precisamente la complejidad del fenómeno.

En ‘Fuji’, por ejemplo, hubo frutos con poca superficie teñida durante el seguimiento que, posteriormente, presentaron una elevada incidencia de cracking en la cosecha. Es una evidencia de que observar pocas microfisuras en un momento determinado no garantiza que el fruto no vaya a agrietarse más adelante.

PUBLICADO EL

13 de octubre de 2026

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