La AEI financia DRY-Guadalmed, un proyecto liderado por la Universidad de Barcelona, el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias y la Universidad Complutense de Madrid que desarrolla nuevas herramientas para evaluar el estado ecológico de los ríos temporales mediterráneos y mejorar su gestión en un contexto de cambio climático y sequías cada vez más frecuentes.
A primera vista, un río sin agua parece un ecosistema sin vida: el cauce está seco y solo quedan algunas pozas aisladas. Sin embargo, bajo las piedras, entre los sedimentos o en las pozas que todavía conservan agua, continúa desarrollándose una intensa actividad biológica. Comprender esta biodiversidad oculta en los tramos secos y en las pozas desconectadas es el objetivo de DRY-Guadalmed, un proyecto que busca transformar la forma en que se evalúa el estado ecológico de los ríos temporales mediterráneos durante su fase seca (pozas desconectadas y cauces secos), unos ecosistemas cada vez más frecuentes debido al aumento de los periodos de sequía.
Este trabajo está financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) a través de la convocatoria Proyectos de Generación de Conocimiento 2021 y cofinanciado por la Unión Europea. El proyecto está liderado por las investigadoras Núria Bonada, de la Universidad de Barcelona; Núria Cid, del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA); y María del Mar Sánchez-Montoya, de la Universidad Complutense de Madrid. Su objetivo es desarrollar nuevas metodologías que permitan evaluar con mayor precisión el estado ecológico de los ríos temporales durante la fase seca, cuando dejan de llevar agua, para facilitar a las administraciones herramientas adaptadas a unos ecosistemas cada vez más habituales, cuya importancia aumenta a medida que avanza el cambio climático.
“Un río seco no es un río muerto”. Con esta contundente afirmación, Núria Bonada resume la idea central de un proyecto que cuestiona una visión muy extendida tanto entre la ciudadanía como, históricamente, entre los propios sistemas de evaluación ambiental.
Durante décadas, la evaluación ambiental de los ríos se ha llevado a cabo casi exclusivamente cuando estos contenían agua. Sin embargo, en los ríos temporales mediterráneos esta aproximación resulta insuficiente. Su funcionamiento natural alterna periodos con agua y fases secas que forman parte del mismo ciclo del ecosistema. “Se trata de un ecosistema que sigue funcionando. Deja de ser un ecosistema acuático para convertirse también en un ecosistema terrestre muy dinámico”, explica la investigadora.
Cuando desaparece el agua corriente, muchas especies encuentran estrategias para sobrevivir. Algunas permanecen enterradas en sedimentos húmedos; otras se refugian en las pozas que conservan agua durante el verano; y numerosas especies terrestres colonizan el cauce seco. El resultado es un ecosistema que sigue desempeñando un papel fundamental para la biodiversidad. Lejos de detenerse, el ecosistema cambia su funcionamiento.
Esta alternancia entre fases húmedas y secas convierte a los ríos temporales en sistemas extraordinariamente dinámicos. Además de albergar una biodiversidad especializada, funcionan como corredores ecológicos y proporcionan refugio a numerosas especies de fauna. Incluso las pequeñas pozas aisladas son puntos esenciales para la conservación de la biodiversidad en los paisajes mediterráneos. No obstante, “es importante no confundir un río temporal que se seca de forma natural con otro que era permanente y que se seca debido a impactos hidrológicos”, tal y como destaca la investigadora Núria Cid, del programa Aguas marinas y continentales del IRTA.
Uno de los principales retos que afronta el proyecto es que las metodologías actuales fueron diseñadas para cursos de agua permanentes, aquellos por los que circula agua durante todo el año. Sin embargo, estas herramientas ofrecen resultados poco fiables cuando se aplican a ríos cuyo funcionamiento natural incluye largos periodos sin agua. “Cuando se aplican las metodologías estandarizadas, no funcionan para evaluar correctamente la calidad de estos ríos. Debido a su propia dinámica, dependiendo del momento en que los estudies, el resultado cambia mucho”, señala Bonada.
Para responder a este reto, DRY-Guadalmed estudia diferentes bioindicadores tanto en las pozas aisladas como en los cauces secos. El equipo analiza comunidades de macroinvertebrados, diatomeas, vegetación e invertebrados terrestres para obtener una visión mucho más completa del estado ecológico de estos ecosistemas. El objetivo es integrar toda esta información para obtener una imagen mucho más completa de la salud del ecosistema.
Otra de las aportaciones innovadoras del proyecto consiste en aplicar el concepto de “metacomunidad”. En lugar de estudiar cada punto del río de forma aislada, los investigadores analizan cómo las especies se desplazan, desaparecen y recolonizan diferentes zonas a medida que el río pasa de la fase húmeda a la seca y vuelve a recuperar el caudal. Esta perspectiva permite comprender mejor la dinámica natural de estos sistemas y mejorar las herramientas de seguimiento ambiental. «Esta aproximación nos permite avanzar hacia herramientas de evaluación ecológica más adaptadas a los ríos temporales, teniendo en cuenta que los cambios en las comunidades biológicas no están marcados únicamente por las condiciones ambientales y de hábitat a escala de tramo fluvial, sino también por los procesos naturales de dispersión, conectividad y recolonización a escala de red fluvial», comenta Núria Cid.
Los ríos temporales son especialmente abundantes en las regiones mediterráneas, donde la alternancia entre periodos húmedos y secos forma parte de su dinámica natural. Sin embargo, el cambio climático está modificando esta situación. Aunque cada año es diferente, la tendencia apunta a una prolongación de los periodos sin agua y a una mayor frecuencia de episodios extremos. “No implica necesariamente la aparición de más ríos temporales en la cuenca mediterránea, pero sí que la sequía empieza antes y termina más tarde”, explica Bonada.
En este contexto, los ríos temporales mediterráneos se convierten en un laboratorio natural para comprender cómo podrían evolucionar otros ecosistemas fluviales europeos. Bonada añade: “Los ríos temporales de la zona mediterránea son un espejo para ver cómo serán los ríos del futuro. Tenemos una oportunidad única para conocer estos ecosistemas y aprender cómo gestionarlos antes de que esta situación sea habitual en muchas otras regiones de Europa”.
Pero, tal y como explica Núria Cid, “La biodiversidad de estos ríos no es estática. Las especies desaparecen de algunos tramos durante la fase seca, encuentran refugio en otros y vuelven a colonizar el río cuando el agua reaparece. Entender esta dinámica será clave para gestionar los ecosistemas fluviales en un contexto de cambio climático”.
Mientras que la fauna y la flora mediterráneas llevan millones de años adaptándose a estos ciclos de sequía, en otras regiones de Europa estos cambios podrían tener consecuencias mucho más profundas para la biodiversidad. Por ello, conocer cómo funcionan estos ecosistemas permitirá diseñar mejores estrategias de conservación y adaptar la gestión del agua a un escenario marcado por fenómenos extremos cada vez más frecuentes.

Después de varios años de investigación, el proyecto ya ha obtenido resultados prometedores. En el caso de las diatomeas, el equipo ha comprobado que los métodos actuales pueden adaptarse para evaluar con mayor precisión las pozas aisladas. Además, los resultados de simulaciones de metacomunidades de invertebrados acuáticos muestran que, en los ríos temporales, la respuesta de los índices biológicos a las presiones humanas también está condicionada por la conectividad fluvial, la dispersión de los organismos y los patrones de secado de toda la red hidrográfica. Los modelos permiten identificar en qué situaciones las metodologías actuales pueden no reflejar adecuadamente el estado ecológico de los ríos temporales, y ayudan a determinar cuándo es posible adaptar los índices existentes y cuándo es necesario desarrollar otros nuevos. Paralelamente, se están perfeccionando nuevos protocolos para simplificar el trabajo de las administraciones responsables del seguimiento ambiental.
En los cauces secos, los investigadores han confirmado que los sedimentos presentan cualidades muy diferentes y que determinadas especies terrestres podrían convertirse en excelentes bioindicadores del estado ecológico del río, un ámbito prácticamente inexplorado hasta ahora. Uno de los hallazgos que más ha sorprendido al equipo ha sido la enorme diversidad existente entre las pozas distribuidas por toda España. Algunas funcionan prácticamente como pequeñas lagunas y albergan especies que no aparecen en otras zonas, lo que demuestra la extraordinaria complejidad de estos ecosistemas.
El objetivo final de DRY-Guadalmed es transferir todo este conocimiento a las administraciones públicas para que puedan incorporar nuevas metodologías de evaluación en la gestión de los recursos hídricos.
En un escenario en el que las sequías serán cada vez más frecuentes e intensas, los ríos temporales dejan de ser una excepción para convertirse en una referencia sobre el futuro. Entender cómo funcionan cuando aparentemente no tienen vida puede ser una de las claves para proteger la biodiversidad y gestionar de forma más sostenible los ríos del mañana.
La Agencia Estatal de Investigación, organismo autónomo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, tiene el objetivo de promover la investigación científica y técnica en todas las áreas del conocimiento mediante una asignación eficiente de los recursos públicos. Es la principal entidad financiadora de la investigación y la innovación en España. En 2025 financia más de 1.000 millones de euros en proyectos y ayudas para la investigación y la innovación en todos los ámbitos, desde las humanidades hasta los materiales y las TIC, promoviendo la transferencia de conocimiento a través de diversas actuaciones.
Investigadora en Ecología acuática, biodiversidad, conservación y cambio global