Situada en Mas Bové (en Constantí, Tarragona), es la primera de Cataluña y España que está gestionada por un instituto público de investigación mientras da servicio a una granja
Permitirá realizar pruebas piloto y estudios científicos en el ámbito de las energías renovables y los residuos orgánicos, y está abierta a la ciudadanía
La planta generará un caudal de energía térmica para el autoconsumo equivalente a la que gastan anualmente 165 hogares catalanes
Finaliza un verano en el que la nueva realidad climática se ha hecho notar: el calentamiento del planeta ha afectado de lleno a la sociedad catalana. La necesidad de minimizar los gases de efecto invernadero (GEI) que añadimos a la atmósfera es, por tanto, urgente e incuestionable. En este contexto, el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat de Cataluña, a través del IRTA (Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias), ha presentado hoy una nueva instalación científica y experimental destinada a impulsar la bioeconomía y mitigar el cambio climático desde el sector agroalimentario catalán: la planta de biogás del IRTA Mas Bové, en Constantí (Tarragona).
Se trata de la primera planta de Cataluña y de España gestionada por un instituto público de investigación mientras presta servicio a una explotación ganadera. Esto significa, por un lado, que la instalación se alimenta de las deyecciones de los cerdos (purines) y de las aves de corral (gallinaza) criados en Mas Bové y, por otro, que no busca el beneficio comercial, sino el avance del conocimiento científico y del sector agroalimentario catalán. Por tanto, podrá acoger estudios de investigación y proyectos piloto que serían complicados de desarrollar en una planta convencional.
A la presentación de la planta han asistido la directora general de Agricultura y Ganadería del Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, Rosa Altisent, y el director general del IRTA, Josep Usall. También han estado presentes el jefe del programa de Sostenibilidad en Biosistemas del IRTA, August Bonmatí, y la coordinadora del objetivo científico estratégico del IRTA centrado en impulsar la bioeconomía en el sector agroalimentario catalán, Belén Fernández.
Se calcula que, en Cataluña, un 12% de los GEI son generados por la agricultura y la ganadería. Casi la mitad de este porcentaje corresponde a la gestión de las deyecciones ganaderas, que se aplican directamente en los campos como fertilizante en un 84% de los casos. Es necesario gestionar estas deyecciones de la mejor manera posible para minimizar las emisiones de GEI y la contaminación de suelos y acuíferos.
La digestión controlada de las deyecciones ganaderas en plantas de biogás, en lugar de su almacenamiento en balsas o depósitos para aplicarlas posteriormente en los campos, reduce notablemente los GEI que emiten. Además, como resultado del proceso de producción de biogás, se pueden obtener, por una parte, fertilizantes orgánicos de calidad que contribuyen a la salud del suelo y, por otra, agua recuperada, un recurso relevante ante la previsión de situaciones recurrentes de sequía.
En línea con los objetivos europeos y estatales, la Generalitat aprobó en 2024 la Estrategia catalana del biogás y la Estrategia catalana del digestato, que prevén un importante despliegue de plantas de biogás en Cataluña en los próximos años y que calculan que, en 2030, las deyecciones ganaderas (especialmente purines porcinos, estiércol bovino y gallinaza) supondrán casi un tercio de la materia orgánica que alimentará las plantas de biogás en el territorio catalán.
Por su parte, el IRTA también tiene el objetivo científico estratégico de impulsar la bioeconomía en el sector agroalimentario catalán. En este marco, la organización contará próximamente con dos plantas experimentales de biogás. La primera es la que se presenta hoy en el IRTA Mas Bové, y la segunda, de menor tamaño, se está construyendo junto a la granja de vacuno del IRTA Monells.
«Esta planta experimental es un ejemplo de cómo la investigación y la innovación pueden dar respuesta a los retos del sector ganadero y convertir las deyecciones en nuevos recursos, como energía renovable, fertilizantes orgánicos y agua recuperada. Es, por tanto, una herramienta para avanzar en la circularidad y la sostenibilidad de las explotaciones», ha explicado Altisent.
«Esta apuesta se enmarca en la estrategia del Gobierno para impulsar el biogás en Cataluña, con 25 millones de euros en la última convocatoria de ayudas, que se suman a los 46 millones movilizados en 2024. Queremos impulsar un modelo de biogás arraigado en el territorio, con plantas de dimensión adecuada, que aprovechen recursos de proximidad y den respuesta a las necesidades del propio sector ganadero», ha añadido.
«Teniendo en cuenta que la agricultura y la ganadería representan el 32% del potencial estimado de producción de biogás en Cataluña, la puesta en marcha de dos plantas experimentales de biogás es una línea prioritaria de investigación e innovación para nosotros», ha destacado Usall.
La planta de biogás del IRTA Mas Bové permitirá, entre otras cosas, definir nuevos protocolos y ensayar nuevos productos para mejorar la producción de biogás; validar tecnologías emergentes a escala piloto; probar prototipos empresariales; estudiar la fabricación de productos de alto valor añadido (como biofertilizantes o bioestimulantes) a partir de la digestión de las deyecciones, y realizar investigación dentro del digestor donde se produce el biogás para optimizar su generación o para aprovechar el CO₂ resultante de su combustión.
Además, se prevé que esta instalación se convierta gradualmente en una plataforma de talento para la formación de técnicos especialistas en plantas de biogás.
Otro beneficio que la planta de biogás de Mas Bové aportará al sector y a la sociedad es que ofrecerá información abierta sobre su funcionamiento. Está previsto que se realicen visitas guiadas para la ciudadanía y demostrativas para el sector. Asimismo, será una potente herramienta de transferencia de conocimiento a la comunidad científica y al sector.
Existen plantas de biogás de muy distintos tamaños y tipos. Uno de los aspectos que las distingue son los residuos orgánicos que las alimentan: además de restos agroganaderos, también pueden ser lodos de estaciones depuradoras de aguas residuales, la fracción orgánica de los residuos municipales o residuos orgánicos agroindustriales, por citar algunos ejemplos.
Otro aspecto que las diferencia es cómo utilizan la energía renovable, eléctrica o térmica, generada gracias a la combustión del biogás: pueden emplearla para autoconsumo o también inyectarla a la red.
Además, hay plantas que purifican el biogás para obtener biometano, un combustible muy similar al gas natural, pero renovable, que puede comercializarse inyectándolo en la red gasista o utilizándolo como combustible para el transporte. En el actual contexto geopolítico, se considera una opción muy relevante.
En el caso de la planta de Mas Bové, el biogás se utiliza para producir energía térmica para autoconsumo. Las características que la definen son:
La planta de Mas Bové se alimenta de más de 5.200 toneladas de materia orgánica cada año. En total, el biogás producido tiene un caudal de 96.697 Nm³ al año, equivalente a 58.000 litros de gasóleo o a la energía anual consumida por unos 165 hogares.
El proyecto ha supuesto una inversión de más de 660.000 euros, cerca de 100.000 de los cuales proceden de una subvención del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), fruto de la convocatoria de 2022 para proyectos singulares de instalaciones de biogás.
«Este proyecto va mucho más allá de producir energía renovable. Todo lo que obtenemos de él entronca con nuestros objetivos científicos estratégicos y con los grandes desafíos alimentarios locales y globales: valorizamos los residuos; potenciamos la salud del suelo y garantizamos la seguridad alimentaria con fertilizantes orgánicos de calidad y otros productos de valor añadido; gestionamos el agua de forma sostenible y evitamos la contaminación de los acuíferos; apostamos por la digitalización y los datos en favor del progreso del sector, y estamos abiertos a oportunidades de colaboración para hacer avanzar la investigación y la innovación», ha detallado Belén Fernández.
Aunque en Europa están mucho más extendidas, en Cataluña y en España la implantación de plantas de biogás se encuentra todavía en una fase inicial.
«Es necesario dimensionar muy bien los proyectos y contar con las personas e instituciones del territorio. En el caso de las plantas centralizadas de residuos agroganaderos orientadas a la gestión colectiva, su función debe ser mejorar la sostenibilidad ambiental de su área de influencia, obtener productos de alto valor añadido a partir del digestato y beneficiar a la comunidad», ha concluido August Bonmatí.
Vídeo divulgativo sobre el proyecto