El proyecto ARACZEA_COOP, liderado por cooperativas agrarias de Lleida con la participación del IRTA, ha identificado las situaciones de mayor riesgo frente a la araña roja en el cultivo de maíz y ha evaluado distintas estrategias para mejorar su control.
Los resultados confirman que las siembras tempranas son las más vulnerables a los daños de la plaga y aportan nuevo conocimiento sobre el potencial de diferentes herramientas de gestión integrada, desde los enemigos naturales hasta la teledetección.
La araña roja (Tetranychus urticae) se ha convertido en los últimos años en una de las principales amenazas para el cultivo de maíz en las zonas de regadío de Lleida. El aumento de las temperaturas, su elevada capacidad reproductiva y la progresiva reducción de materias activas disponibles para combatirla han dificultado su control, hasta el punto de que esta plaga puede provocar pérdidas muy importantes de producción. En un ensayo previo realizado por el IRTA en 2019, la araña roja causó pérdidas de producción de hasta el 42 % y llegó a deteriorar hasta el 90 % de la superficie verde de las hojas.
Para dar respuesta a esta problemática, el grupo operativo ARACZEA_COOP ha trabajado durante dos campañas de ensayo con el objetivo de encontrar estrategias sostenibles que permitan restablecer el equilibrio natural del cultivo y favorecer el control de la plaga por parte de sus enemigos naturales. El proyecto ha estudiado el comportamiento de distintas variedades comerciales de maíz, el efecto de la fecha de siembra, la eficacia de productos alternativos a los tratamientos convencionales, el potencial del control biológico y la utilidad de la teledetección para monitorizar la evolución de los daños.
El proyecto está liderado por Agroserveis d’Almacelles SCCL y cuenta con la participación de Foment Agrícola Les Planes SCCL, Agrària de Miralcamp SCCL, Sant Miquel de Bell-lloc SCCL, Agropecuària d’Artesa de Segre SCCL, la Federación de Cooperativas Agrarias de Cataluña (FCAC) y el IRTA como centro tecnológico responsable de las actividades de investigación y experimentación.
Los resultados obtenidos muestran que la araña roja puede pasar de niveles bajos de afectación a situaciones de máximos daños en menos de quince días cuando se dan condiciones favorables para su desarrollo. Esta elevada velocidad de expansión explica la dificultad para controlar la plaga una vez se ha establecido en el cultivo.
Los ensayos han permitido identificar que las situaciones de mayor riesgo corresponden a las siembras tempranas, realizadas entre abril y principios de mayo, especialmente cuando el maíz es el único cultivo de la rotación anual. En cambio, las siembras de junio como segundo cultivo han mostrado niveles mucho más bajos de daño y una afectación mucho menor sobre la producción.

En cuanto al material vegetal, no se han detectado diferencias significativas entre variedades en la incidencia de la plaga. Sin embargo, sí se han observado diferencias importantes en la capacidad de las plantas para mantener su potencial productivo frente a ataques similares. En uno de los ensayos, las parcelas protegidas con acaricida obtuvieron una producción media de 15.215 kg/ha, un 36 % superior a la de las parcelas sin tratamiento. Algunas variedades registraron reducciones de producción de hasta el 47 % en ausencia de control de la plaga, mientras que otras mostraron una menor pérdida de rendimiento. Estos resultados apuntan a posibles diferencias de tolerancia varietal, que será necesario seguir estudiando en futuros trabajos.
Otra de las líneas de trabajo del proyecto ha consistido en la evaluación de productos alternativos para el control de la araña roja. Los ensayos no han encontrado diferencias estadísticamente significativas entre las distintas materias activas estudiadas, aunque tratamientos como el aceite de parafina mostraron resultados prometedores tanto desde el punto de vista productivo como económico en algunos de los campos ensayados.
El proyecto también ha analizado la posibilidad de reforzar el control biológico de la araña roja mediante la liberación de ácaros e insectos depredadores utilizados comercialmente. Los resultados indican que esta estrategia no comportó una reducción significativa de la plaga ni que los organismos liberados se establecieran de forma persistente en el cultivo. En cambio, el seguimiento de campo puso de manifiesto el destacado papel de un pequeño escarabajo depredador del género Stethorus, que fue el enemigo natural más abundante e incrementó su presencia a medida que aumentaban las poblaciones de araña roja.

Paralelamente, el proyecto ha explorado la utilidad de la teledetección para monitorizar los efectos de la plaga sobre el cultivo. Los datos obtenidos a partir de imágenes de satélite e índices de vegetación como el NDVI y el FAPAR permiten detectar y cuantificar los daños causados por la araña roja, especialmente en situaciones de afectación severa. No obstante, los investigadores concluyen que estas herramientas son actualmente más útiles para realizar el seguimiento de la evolución de la plaga y estimar su impacto productivo que como sistemas de alerta temprana, ya que cuando los síntomas se hacen visibles en las imágenes la infestación suele estar ya muy avanzada.
En conjunto, los resultados de ARACZEA_COOP contribuyen a ampliar el conocimiento disponible sobre una plaga que ha recuperado protagonismo en el cultivo de maíz y proporcionan nuevas evidencias para avanzar hacia estrategias de gestión integrada más sostenibles, con una menor dependencia de los productos fitosanitarios y una mejor integración de los mecanismos naturales de control.