«En el IRTA aprendí a planificar, comunicar y trabajar en equipo, no solo ciencia»: Carlos Mayobre, miembro de la IRTA Alumni Community

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¿Cómo llegaste al IRTA-CRAG y cómo surgió la oportunidad de hacer allí el doctorado?

Conocí el IRTA antes de hacer el doctorado. Estaba haciendo un máster en la Universidad Autónoma de Barcelona. Me hablaron muy bien del centro y en aquel momento estaba buscando laboratorios para hacer las prácticas y el Trabajo Final de Máster. Finalmente, entré en el IRTA-CRAG y fue cuando conocí a Jordi García y a Marta Pujol. Una vez acabé el máster, me aceptaron para hacer el doctorado con ellos en el centro.

¿Cuál fue tu foco de investigación durante el doctorado?

El proyecto en el que me incorporé tenía el objetivo de generar conocimiento básico sobre cómo se producen los aromas en el melón e intentar mejorar la calidad organoléptica. Tomamos muestras del melón piel de sapo, poco aromático, y del cantalupo, muy aromático, para identificar qué genes había detrás de la producción de aromas.

¿Cómo recuerdas tu experiencia en el CRAG y en el entorno del IRTA?

Un aspecto que recuerdo con gran valor es que dentro del centro todos los equipos del IRTA compartíamos instalaciones y equipamiento. Aunque cada uno trabajaba en su proyecto, usábamos técnicas similares. Esto facilitaba mucho el intercambio de conocimiento, protocolos y experiencias.

Pero con lo que más me quedo es con los momentos de convivencia con el resto de doctorandos y doctorandas, además de aprender sobre planificación, comunicación y trabajo en equipo.

Has hecho un máster en Educación y has impartido varias clases en la universidad. ¿Cómo surgió esta vocación por la educación?

Siempre me ha gustado enseñar, mis dos padres son profesores, y durante el doctorado ya había hecho algunas prácticas docentes en la UAB y en la UPF, además de clases particulares. Una vez acabé el doctorado, volví a Galicia para hacer el máster y la verdad es que me gustó mucho la experiencia. Ahora mismo la tengo como una especie de plan B por si en algún momento la investigación no acaba de funcionar, pero sigo aprovechando oportunidades de divulgación científica o de docencia universitaria cuando surgen.

Actualmente, estás haciendo un postdoctorado en el INRAE.

Sí. Ahora trabajo con tomate, centrado en estrés abiótico: tolerancia a la sequía, el calor y la reducción del uso de pesticidas y fertilizantes. El objetivo es generar plantas más resilientes ante los retos del cambio climático, siempre acompañándolo de modelos de cultivo más sostenibles como la agroecología, por ejemplo, combinar varios cultivos o variedades en un mismo campo.

¿Cómo fue el paso a trabajar en el extranjero?

El cambio no fue muy grande comparado con el IRTA: la manera de trabajar es bastante similar, aunque el INRAE es mucho más grande porque opera a escala de toda Francia, con muchos centros repartidos por regiones. Pero con todo lo que aprendí en el IRTA, puedo desarrollar mi trabajo aquí de la mejor manera posible.

¿Qué papel puede tener la genética ante el cambio climático?

Creo que la genética y la genómica, con técnicas como el CRISPR-Cas, pueden acelerar cambios que tradicionalmente se hacían mediante cruces, y hacerlo de manera más precisa, sin arrastrar otros genes no deseados ligados a lo que se quiere modificar. Esto puede ayudar a hacer frente tanto a la sequía y las altas temperaturas como a enfermedades que puedan volverse más frecuentes por la transmisión de nuevos insectos vectores. De momento mi postdoctorado todavía no tiene resultados consolidados: tenemos plantas editadas en el invernadero, pero los ensayos para ver si son más resistentes llegarán el año que viene.

¿Qué consejo darías a alguien que acaba de terminar, o se plantea hacer, el doctorado?

Durante el doctorado se desarrollan muchas competencias, tanto técnicas como transversales, que son muy útiles para cualquier trabajo; es una experiencia que te hace crecer mucho como persona. Sí que hay que elegir bien dónde hacerlo, porque la experiencia depende mucho del entorno y del apoyo de los jefes. Yo, en el IRTA, tuve la oportunidad de aprender mucho acompañado de un gran equipo. Una vez acabado, se abren muchas puertas, y con todas las habilidades que has desarrollado puedes probar lo que te apetezca: empresa, comunicación científica, academia o docencia. Hay muchas salidas posibles, y creo que con el doctorado sales con las herramientas para afrontar cualquiera de ellas.

PUBLICADO EL

29/07/2026

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