«La proximidad con el sector sitúa la IRTA en una posición clave a escala europea»

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Richard G.F. Visser es expresidente y director del departamento de Mejora Genética Vegetal de la Universidad y Centro de Investigación de Wageningen (Países Bajos), así como presidente del Consejo Asesor Científico del IRTA.

Hemos hablado con él sobre el papel de este organismo a la hora de impulsar la investigación y la innovación, el posicionamiento estratégico del IRTA en el ecosistema europeo y los principales retos y oportunidades que marcarán el futuro de la institución.

¿Qué rol tiene el Consejo Asesor Científico de la IRTA?

Nuestra función es acompañar al IRTA para que continúe avanzando en sus objetivos de investigación, transferencia de conocimiento, innovación e impacto social. Uno de los principales valores de un consejo asesor es aportar una mirada externa e independiente. Cuando una institución solo se evalúa desde dentro, resulta más difícil identificar nuevas oportunidades o cuestionar determinadas formas de trabajar. En cambio, contar con expertos y expertas que han afrontado retos similares en otras organizaciones permite incorporar perspectivas diferentes y detectar buenas prácticas que pueden contribuir a mejorar aún más el trabajo.

El Consejo reúne investigadoras e investigadores con trayectorias muy diversas y pericias complementarias. Esta diversidad nos permite analizar la actividad de la IRTA desde una visión amplia y ofrecer recomendaciones fundamentadas sobre sus programas, sus prioridades y su proyección de futuro.

A pesar de provenir de instituciones y países diferentes, compartimos un mismo objetivo: ayudar al IRTA a generar una investigación de excelencia que tenga un impacto real. En un contexto global marcado por retos como el cambio climático, la seguridad alimentaria o la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios, la investigación solo tiene sentido si contribuye a mejorar la sociedad, la economía y el medio ambiente.

¿Cuál debería ser la función del IRTA en Cataluña?

El IRTA tiene una misión muy clara: generar conocimiento y ponerlo al servicio del sector agroalimentario y, en última instancia, de la sociedad catalana. Esta ha sido la razón de ser del instituto desde que fue creado por el Gobierno de Cataluña hace más de cuarenta años. Su responsabilidad consiste en mantenerse a la vanguardia de la investigación, pero también en garantizar que este conocimiento se traduzca en soluciones útiles, innovación y un impacto real en la región.

Este equilibrio entre la excelencia científica y la aplicación práctica no es tan habitual como podría parecer. En algunos países, como los Países Bajos, una parte significativa de la investigación aplicada ha pasado a manos del sector privado. Esto puede acelerar la innovación en algunos ámbitos, pero también significa que ciertas líneas de investigación solo avanzan si existe un interés comercial inmediato. Las cuestiones que requieren una visión a largo plazo o que benefician al sector en su conjunto pueden quedar relegadas a un segundo plano.

«El IRTA, en su calidad de centro público de investigación, puede abordar retos estratégicos que van más allá de los intereses de una empresa concreta y trabajar con una perspectiva nacional.«

Este es precisamente uno de los mayores puntos fuertes del IRTA. Como centro de investigación público, puede abordar retos estratégicos que van más allá de los intereses de una sola empresa y trabajar con una perspectiva nacional. Al mismo tiempo, mantiene una relación muy estrecha con los profesionales del sector, lo que le permite comprender sus necesidades y convertir los resultados de la investigación en innovaciones que llegan al terreno, a las empresas y, en última instancia, a la sociedad. Esta combinación de excelencia científica, compromiso con el servicio público y proximidad al sector es un modelo que merece la pena preservar y reforzar.

¿Y qué lugar ocupa la IRTA en el panorama europeo?

Para consolidar su posición en Europa, el IRTA debe estar atento a los principales retos científicos y sociales que marcarán los próximos años y participar activamente en las alianzas y consorcios internacionales que trabajan para abordarlos. En este contexto, el IRTA ofrece un valor único que no siempre es fácil de encontrar en otras instituciones: una gran capacidad para trasladar el conocimiento a la práctica, una relación directa con los agricultores, los ganaderos y las empresas del sector, y una red de instalaciones y estaciones experimentales que permite validar las soluciones en condiciones reales.

Los principales retos de la investigación agroalimentaria son comunes en todo el mundo: el cambio climático, la resiliencia de los cultivos, la resistencia a los antibióticos y el bienestar animal, entre otros. Esto convierte al IRTA en un socio natural para muchas organizaciones internacionales que trabajan en estos ámbitos. Iniciativas como la Hot Climate Partnership demuestran que la colaboración internacional es una vía clave para generar conocimientos de gran impacto.

También existen oportunidades para consolidar nuevas áreas de liderazgo. El IRTA Pirineu, por ejemplo, puede convertirse en un centro europeo de excelencia para la investigación aplicada en zonas de montaña. Muchos países, como Suiza, Italia, Austria y Francia, comparten retos similares relacionados con la ganadería, la agricultura y la gestión de los ecosistemas de montaña. El fortalecimiento de las alianzas con estos territorios permitiría compartir experiencias, acelerar el aprendizaje mutuo y reforzar el papel del IRTA como actor clave en este ámbito.

¿Cuáles serán los principales retos a los que tendrá que hacer frente el IRTA en su nuevo plan estratégico?

La pregunta clave es: ¿dónde quiere estar el IRTA en 2050? ¿Qué impacto quiere tener en el sector agroalimentario?

Si esta visión está clara, resulta más fácil tomar decisiones sobre las prioridades actuales. Los proyectos, las líneas de investigación y las inversiones deben contribuir a avanzar hacia este horizonte común.

Actualmente, el IRTA está desarrollando más de cincuenta líneas de trabajo. Es evidente que no todas evolucionarán al mismo ritmo ni tendrán el mismo impacto. Pero esto no supone un problema si todas responden a una única dirección estratégica y a un único propósito. Cuando el destino está bien definido y es claro, las prioridades pueden adaptarse y pueden aprovecharse nuevas oportunidades sin perder el rumbo.

¿Cómo te imaginas la institución dentro de diez años?

Vivimos en un contexto de creciente incertidumbre, en el que la seguridad alimentaria se ha convertido en una prioridad estratégica para muchos países. La pandemia, los conflictos geopolíticos o los efectos del cambio climático han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las cadenas de suministro mundiales. Por este motivo, cada vez son más los gobiernos que promueven políticas destinadas a reforzar su capacidad para producir alimentos dentro de sus propias fronteras. Países como China, Francia, Alemania y el Reino Unido ya se han fijado objetivos en este sentido.

«Es necesario encontrar un mejor equilibrio entre la apertura de los mercados, la sostenibilidad, la resiliencia y las necesidades de los territorios.

En este contexto, toda investigación que contribuya a que los sistemas alimentarios sean más resilientes, eficientes y sostenibles cobrará aún mayor importancia. Durante décadas hemos confiado en que el comercio mundial garantizaría siempre el acceso a los alimentos, y sigue siendo una parte fundamental del sistema. Pero hoy también sabemos que debemos encontrar un mejor equilibrio entre la apertura de los mercados, la sostenibilidad, la resiliencia y las necesidades de los territorios.

Considero que el IRTA es una institución con un papel cada vez más importante en este proceso. Su capacidad para generar conocimiento científico, colaborar con el sector y transformar la investigación en soluciones aplicables lo sitúa en una posición privilegiada para contribuir a la construcción de una agricultura y una producción alimentaria más competitivas y sostenibles, capaces de responder a los grandes retos de las próximas décadas.

¿Cuál es la parte más gratificante de tu trabajo como asesor científico?

Lo que más me satisface es pensar que estamos contribuyendo a construir un futuro mejor. Una parte importante de mi trabajo es la investigación fundamental, pero la mayor recompensa llega cuando los conocimientos que generamos se traducen en mejoras tangibles para la industria y para la sociedad. Ver cómo una idea, un descubrimiento o una recomendación tienen un impacto real es lo que da sentido al trabajo que hacemos.

¿Cuál crees que es el principal valor de trabajar en el IRTA?

Creo que las personas que trabajan en el IRTA pueden sentirse orgullosas de formar parte de una institución puntera. Desde que formo parte del Consejo Asesor Científico, he podido comprobar que el IRTA no solo se esfuerza por alcanzar la excelencia científica, sino también por crear un ecosistema de trabajo que atraiga y retenga el talento, velando por la diversidad de sus equipos y garantizándola, para dar prioridad al bienestar de su talento como su activo más valioso.

Yo mismo realicé mi doctorado en la Universidad de Groningen y luego pasé casi cuarenta años en Wageningen, asumiendo diferentes responsabilidades a lo largo de mi carrera. Poder crecer dentro de la misma organización es una gran ventaja, tanto para las personas como para la propia institución. Sin embargo, para que esto sea posible, es necesario identificar claramente el talento, ofrecer oportunidades de desarrollo y preparar la sucesión generacional con la debida antelación para preservar el conocimiento acumulado.

PUBLICADO EL

28/07/2026

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