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02/12/2021

Teñir las aguas de riego para estudiar el impacto de los pesticidas en el cultivo de bivalvos en el Delta

Aguas teñidas por la rodamina. Fuente: IRTA (CC BY-NC 4.0)

Investigadores del IRTA y la UPC han creado un modelo de la dispersión de las descargas de agua dulce que llega a la bahía del Fangar gracias a la rodamina, un colorante trazador

La metodología para definir zonas de transición se podrá aplicar en otros lugares de Cataluña para estudiar la posible contaminación química o microbiológica que pueda afectar a los moluscos y cumplir con las recomendaciones europeas de higiene alimentaria y salud animal

En las bahías del delta del Ebro ha habido fenómenos de mortalidad de bivalvos y esta metodología permite trazar la dispersión de posibles contaminantes químicos o microbiológicos para estudiar fenómenos como las mortalidades de ostras

El Delta del Ebro forma un ecosistema complejo donde las dinámicas naturales conviven con actividades productivas, como la pesca, la acuicultura y la agricultura. Es un equilibro frágil y para preservarlo es imprescindible conocer los efectos que tales actividades tienen en el medio que los rodea. En el caso de los cultivos de arroz, motor agrario ebrense, una de las principales vías de impacto son las aguas de riego descargadas en el mar. Estos vertidos tienen una doble cara: aportan nutrientes en el ecosistema a la vez que contienen componentes tóxicos propios de los pesticidas que pueden afectar a la biodiversidad. Por eso, el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) y la Universidad Politécnica de Cataluña – BarcelonaTech (UPC) han desarrollado un modelo para determinar sus trayectorias en la bahía del Fangar y minimizar el impacto sobre la acuicultura de moluscos bivalvos. Mediante la rodamina WT, un colorante rojizo soluble en agua, se siguieron los efluentes de las descargas y delimitar las zonas más afectadas. De este modo, el experimento permitirá una mejor comprensión de la dispersión de agua “dulce” en la bahía, para poder estudiar y contrastar si los contaminantes, ya sean químicos o microbiológicos, podrían estar o no implicados en mortalidades de bivalvos. Igualmente pueden permitirse una reordenación final de las actividades acuícolas en la bahía a partir del establecimiento de una zona de transición de unas 80 hectáreas, excluida del cultivo de bivalvos para evitar riesgos de salud animal y humana.

Además, aparte de enfocarse en la problemática del Delta, uno de los objetivos de la investigación era el establecimiento de un protocolo para aplicar esta medida de protección en otras áreas de producción de moluscos bivalvos del litoral catalán. «En Cataluña ya hemos conseguido definir e implementar la metodología para establecer zonas de transición», celebra la investigadora del IRTA de Sant Carles de la Rápita, Margarita Fernández. Todo este conocimiento se presentó el pasado 29 de septiembre en una jornada de transferencia con la presencia de representantes del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el Departamento de Acción Climática, Alimentación y Agenda Rural y acuicultores y mariscadores tanto del Ebro como de otros lugares.  

El proyecto se puso en marcha el 2020 después de varios episodios de mortalidad extraordinaria de ostra adulta de talla comercial en algunos viveros de la bahía del Fangar durante los años anteriores. Estas pérdidas, que llegaron hasta el 50% en ciertos casos, no estaban asociadas a causas más habituales como el herpes virus o las temperaturas elevadas. Así, algunos de los acuicultores afectados señalaron un vínculo con los ciclos de vertidos de aguas de riego de los campos de arroz, que especialmente en los meses de mayo y junio pueden contener restos de substancias contaminantes. Las observaciones posteriores del IRTA y la UPC también confirman una correlación espacial entre las zonas más afectadas por la mortalidad y aquellas tocadas más directamente por los efluentes de las descargas.  

Sin embargo, según los científicos, no se puede afirmar que la causa de la mortalidad sean los agentes químicos de los pesticidas, que ya están sometidos a regulaciones ambientales específicas. Los primeros diagnósticos de bivalvos apuntan más bien a una influencia indirecta de estos componentes: «se podría tratar de una combinación de agentes, como ahora que los pesticidas hagan más frágiles los bivalvos frente a los patógenos del propio ecosistema marino», precisa Fernández. Cerrando el proyecto anual, el equipo del IRTA continuará centrando a averiguar el origen de la mortalidad. En el marco de una investigación prevista hasta el 2023, se aislarán los diferentes patógenos y se inocularán en ostras sanas para evaluar los riesgos de origen químico y microbiano y tomar ulteriores medidas para mitigar su impacto. 

Mientras tanto, en la bahía del Fangar ya se podrá hacer el primer paso implantando la zona de transición, la primera aplicada a los cultivos de moluscos bivalvos en Cataluña. Denominada también buffer o tampón, se trata de una medida preventiva de salud pública propuesta en la guía europea de buenas prácticas. La Dirección General de Política Marítima y Pesca Sostenible ya ha recibido el mapa del área no adecuada para bivalvos, que se podrá tener en cuenta a la hora de tramitar nuevas licencias o reorganizar el polígono de infraestructuras de acuicultura. 

Calcular el comportamiento del agua 

Tras el mapa de las zonas afectadas, hay un modelo hidrodinámico complejo que científicos de la UPC junto con el IRTA se han encargado de poner a punto. «Antes de diseñar soluciones, era imprescindible entender el comportamiento físico de la bahía y anticiparnos a las distintas contingencias. En este sentido el uso combinado de observaciones “in situ”, modelado numérico y los resultados del experimento con rodamina nos ha permitido ampliar el conocimiento hidrodinámico de la bahía», señala en investigador del Laboratorio de Ingeniería Marítima de la UPC Manel Grifoll, vinculado a la Escuela de Caminos de Barcelona (ETSECCPB) y a la Facultad de Náutica (FNB). Para hacerlo, durante el día del experimento y el siguiente se hizo un seguimiento de la dispersión de la mancha de rodamina empleando fluorímetros y se midieron las direcciones y velocidades en superficie a partir de derivadores lagrangianos. Esta información, triangulada con los conocimientos previos sobre la circulación del agua en el Delta, permitió obtener un modelo numérico tridimensional de alta resolución capaz de simular el comportamiento de las corrientes de aguas de riego en diferentes condiciones de viento.  

Todo ha permitido sistematizar una metodología que ya se había probado en la vecina bahía de los Alfacs. En el 2019, se utilizó la rodamina para trazar la dispersión y difusión de las aguas residuales vertidas por la depuradora de Sant Carles de la Rápita, en el marco del proyecto europeo SEAFOODTOMORROW, participado por el IRTA. «En el Fangar hemos aplicado en la contaminación química una metodología que inicialmente se había propuesto para definir zonas de transición por contaminación bacteriológica», resume la científica del IRTA, Margarita Fernández.  

El experimento con la rodamina y su continuación con el proyecto de avaluación de riegos en la mortalidad de bivalvos han estado cofinanciados por el Fondo Europeo Marítimo y de la Pesca y la Dirección General de Política Marítima y Pesca Sostenible. Además, han contado con la colaboración de la Federación de Productores de Moluscos del Delta del Ebro (Fepromodel) y de la Comunidad de Regantes – Sindicado Agrícola del Ebro.